lunes, 5 de marzo de 2012

Hablando del Mundo Material...


Algún otro lugar está dando pasos firmes para materializarse.
La Casa Editorial Independiente
publicará la antología impresa.
Ya estamos trabajando por hacer que este libro
sea tan hermoso como lo hemos soñado.
Cada día estaremos más cerca de tener cada quien un ejemplar en nuestras manos y disfrutar de las doce historias seleccionadas, que tienen a Harrison en el alma. Un pequeño tesoro que podremos llevar bajo el brazo o en nuestra bolsa favorita...
para leer en el metro, en casa, en cama, en el parque... o en
algún otro lugar.

domingo, 19 de junio de 2011

Y los cuentos ganadores son...


El Jurado, conformado por Ángel Alonso Quijano, Francisco Pérez Guzmán, Luis Humberto Crosthwaite, María Emilia Chávez Lara y Norma Hernández García, realizó una detenida y profunda revisión de los textos enviados y seleccionó las historias ganadoras del concurso de cuento 'Algún otro lugar' en homenaje a George Harrison.


1° lugar: El eterno retorno de Aditya
2° lugar: Soy feliz al bailar contigo
3° lugar: Piensa por ti mismo

Menciones honoríficas (en orden alfabético):

Georgeson
Harrison y el viaje surreal
El hombre en transición
The inner light
Lejos en la distancia, cerca del corazón
La montaña de la luz
El sueño ha comenzado

Los diez cuentos aquí mencionados fueron seleccionados para ser publicados en el libro conmemorativo del concurso.

¡Felicidades!

domingo, 27 de marzo de 2011

¡Extra, extra!



Quiero compartir con ustedes dos avisos, ¡son muy importantes!

En primer lugar se ha establecido una prórroga para la entrega de los cuentos, ahora pueden entregarse hasta el 1° de mayo de 2011. Esta decisión obedece a que varias personas han comentado que están todavía en pleno proceso creativo y es justo que esas ideas maravillosas fluyan con un poco más de espacio y flexibilidad.

Por último y a petición popular: los cuentos podrán ser enviados por vía electrónica al correo 'Algún otro lugar'. No olviden incluir en el mensaje de correo un adjunto con todo lo solicitado en las Bases, es decir, título del cuento, el nombre completo del autor o autora, su dirección, correo electrónico, teléfono, una fotocopia de su identificación oficial y el pseudónimo utilizado.

El alma dispuesta a recibir sus historias geniales... aquí esperaremos...

miércoles, 5 de enero de 2011

¡Hoy... en Radio Ciudadana!






 El día de hoy, miércoles 5 de enero de 2011, estaré difundiendo el Concurso de Cuento "Algún otro lugar" en el programa "Desde el Sur" con Guillermina y Octavio. Nos podrás sintonizar en el 660 AM de Grupo IMER a las 8:00 p.m. Tendremos oportunidad de charlar por unos minutos sobre los orígenes del proyecto y acerca del desarrollo del Concurso hasta el momento. Por supuesto habrá música de George y todos los detalles de la convocatoria.

El programa se puede escuchar por Internet desde cualquier lugar del mundo desde la página de Radio Ciudadana (haz clic aquí).

¡Ahí nos encontramos!



viernes, 24 de diciembre de 2010

In Mark Seliger's Words...


"I had just shot Tom Petty, and he said 'If you really want to get George's good side, have a couple of nice ukeleles there,' " Seliger says. "For the third set up, we photographed him with the ukelele. After the last shot, he started playing these Hawaiian ballads, song after song, for twenty minutes straight. The entire entourage just sat there - it was The Beatles voice on these quirky little Hawaiian songs! It was nothing you'd ever heard before, but strangely familiar - one of those rare, poignant times as a photographer when you meet greatness." 

martes, 30 de noviembre de 2010

La prueba Harrison, por Juan Villoro.

No recuerdo haber leído este artículo hace ya casi 9 años. Lo leí ahora y lo veo como algo estupendo que logra captar mucha de la sutileza que implica gustar, amar, paladear, vibrar a George Harrison.

El artículo completo va en este post pero no intenta afectar los derechos de autor de Juan Villoro o Letras Libres, Enero 2002.





La prueba Harrison, por Juan Villoro.

"¿Con qué Beatle te identificas?" Durante décadas esta pregunta ha sido la versión pop de la prueba de Rorschach. La muerte de George Harrison, a los 58 años, demostró que millones de vidas mantenían vínculos mentales con el recluso que rara vez abandonaba su jardín de 33 acres. Cordelia pensó en el sari color azafrán que compró cuando pasaba por su fase mística y que los dedos del torpe Ramón nunca lograron abrir; Edwin recordó la tarde en que marcó el 21-18-78 de Radio Éxitos para pedir "Here Comes the Sun" y usó un alias para no menguar su pasión pública por los Stones; Carmina vio el rostro apacible del más joven de los Beatles, colgado sobre su cama en los tiempos en que fue vegetariana hasta la anorexia; Genaro se comparó con Harrison y Clapton y decidió que si no compuso un clásico como "Something" o "Layla" fue porque Patti Boyd no le hizo caso. Numerosas decisiones íntimas tuvieron que ver con ese icono esquivo. Como el Che, George decidió las barbas de una generación. Además, abrió la principal ruta de la meditación y las especias del siglo XX. Cuando convenció a los otros Beatles de ir a la India reveló que de las expediciones iconoclastas se regresa con bigote y que esos músicos más famosos que Jesucristo ¡necesitaban un gurú!
     "Teresa Quiñones me amaba porque tenía la costumbre de mirarla en silencio cuando ella discurría sobre la disolución del yo". Con esta frase comienza un relato de Cristina Rivera-Garza. George suscitó un afecto semejante; sabía admirar a los otros tres; fungía como nuestro enviado especial a los portentos. Su minoría de edad obligó a que el grupo interrumpiera sus conciertos en Hamburgo, y algo quedó de esa novatez en la conducta del guitarrista. Su perfecto corte de pelo delataba al primer fan del grupo. Nunca nadie logró parecerse tanto a un Beatle como George. Era el más guapo pero las chicas querían acostarse con John o casarse con Paul. Ajeno al virtuosismo, cuando tuvo oportunidad de lucirse con un solo en "While my Guitar Gently Weeps" le pasó la tarea a Eric Clapton. Y sin embargo pertenecía al círculo: era obscenamente común ¡y estaba dentro! En el test de identificación Beatle, Harrison representa un delirante triunfo de la normalidad. Como a otro célebre jardinero, el protagonista de Desde el jardín, de Jerzy Kosinsky, le bastaba "estar ahí" para tener un destino excepcional. Al menos eso pensaba la fanaticada, capaz de reducir su biografía hasta el agravio. ¿Pero qué es una prueba de Rorschach si no una traducción de manchas en molestas mariposas? Aunque compuso "Taxman" en 1966, el inmenso talento de George tardó en aflorar. Su obra capital, el álbum triple All Things Must Pass, pertenece a la etapa postbeatle y apareció con perturbadora proximidad a la ruptura, como si el guitarrista ofreciera las cintas archivadas por la indiferencia del poderoso binomio Lennon-McCartney. De manera típica, fue quien mejor usó su prestigio de Beatle para apoyar causas ajenas al conjunto. Promovió el sueño naranja de los hare-krishna, salvó al cine británico en años de penuria con la producción de tres películas de culto (La vida de Brian, Bandidos del tiempo y Mona Lisa) e inició la filantropía de alto volumen con el concierto para Bangladesh.
     George tenía algo de Beatle accidental; vio en silencio a John, Paul y Ringo, y tal vez practicó sus ejercicios de respiración ante los alegatos de Yoko. Cuando le tocó hablar, yaen la agonía del cuarteto, propuso ¡la disolución del yo! El testigo privilegiado de la fama usó su repentino protagonismo para diluir las individualidades en karma positivo. La segunda fase Beatle de George se rigió por el distintivo timbre del sitar y la búsqueda de una razón trascendente, una rueda de luz ajena al hit-parade. Identificarse con esta etapa involucra mayor militancia espiritual, o por lo menos curiosidad para probar semillas y zonas de energía.
     Aunque nunca abandonó por completo la escena y participó con Bob Dylan y Roy Orbison en los Travelling Willburys, Harrison dedicó lo mejor de sus últimos años a cultivar su jardín. De golpe algo lo tocó en forma distinta y empezó a hablar de la forma en que había sido relegado en los Beatles. Parecía haberse sometido a la variante pop de la prueba de Rorschach y no le gustaba identificarse con el colado.
     Su muerte dejó la sensación de vacío de la interrogante de "A Day in the Life": "¿Cuántos agujeros se necesitan para llenar el Albert Hall?" Otra canción de entonces adquirió un aire de negra profecía: "When I'm Sixty Four". Recuerdo una caricatura de 1967 o 68 en la revista Pop donde los Beatles aparecían con las papadas y las calvas que tendrían a los 64. En su momento el dibujo fue una burla divertida; ahora representa la imposible tercera edad de los Beatles.
     En su lecho de muerte, George pronunció el mantra que escogió desde que se supo enfermo de cáncer. El mejor de sus discos alude a la evanescente sustancia del tiempo: Todas las cosas tienen que pasar. A pesar de estas pruebas de paz y resignación, se fue sin apagar la luz ni aclarar cuántos agujeros necesitamos para llenar el Albert Hall.
     Los criminólogos aplican la prueba Harrison para saber si el sospechoso ha disparado un arma de fuego; es la memoria de la muerte en las huellas digitales. En la cultura de masas, las pérdidas pasionales responden a otra prueba: "¿Con qué Beatle te identificas?" Hay un genio lunar, un genio solar, un narizón de carisma y el muchacho que quería pertenecer a los Beatles. George Harrison se atrevió a que uno de nosotros mereciera la singularidad. Extrañamente, lo consiguió. -"